domingo, 15 de mayo de 2011

Iglesia en el siglo XIX

El siglo XIX es un siglo en busquedad de su equilibrio atravez de grandes  convulsiones revolucionarias de la Monarquía a la III Republica, pasando por dos Imperios la Restauracion y una corriente liberal que continuara durante todo el siglo. Inestabilidad, esperanzas y decepciones violencia y romanticismo se mezclan: Chateaubriand y Lamartine, Víctor Hugo y Musset, Bethoven y Chopin. Es la era de los inventos: del ferrocarril, del telégrafo, del gramófono, de la luz eléctrica y del automóvil. La torre Eiffel se alza altivamente. El descubrimiento de la maquina de vapor acelera el desarrollo de la industria. Se abre una fosa entre las clases sociales, terreno muy favorable para el capital de Marx; va naciendo una revolución social lenta y dolorosa. Se desarrolla el trabajo de las mujeres y de los niños en todos los oficios y surgen los primeros sindicatos cristianos.

La Iglesia en este siglo XIX es un blanco de los ataques conjuntos del ateísmo y de la revolución, del materialismo y del humanismo ateo. Voltaire y Rousseau dejan huella todavía en muchos ambientes. El miedo lleva a una gran parte del mundo católico a replegarse sobre sí mismo, fríamente, y a rechazar todo ideal de justicia social. Pero surgen algunos profetas que, siguiendo a Lamennais, permanecen  en los primeros puestos de la Iglesia. Dios prepara testigos fuera de serie, fuera de norma, inesperados para hacer frente a este extraordinario desorden de nuestros dos últimos siglos. De ahí una Iglesia cargada de barro, herida por haber perdido sus privilegios, pero una Iglesia viva, nuevamente fecunda. Fundadora de órdenes o reformadores, ya que es también el siglo de la vida religiosa: Lacordaire, Emmanuel d'Alzon, Marie Thérèse Soubiran, Euphrasie Pelletier, para no nombrar más que algunos; el siglo de la misión con Mère Javouhey; del compromiso social cristiano de importantes seglares: Montalembert, Frédéric Ozamam. De la persecución, pero también del reconocimiento oficial de numerosos institutos. De las leyes difíciles, aunque luego favorables para la enseñanza católica. Un siglo de santos que resplandecen y santos cuya gloria está oculta: Jeanne Jugan, el cura de Ars, Teresa del niño Jesús. Convertidos como Newman. Monseñor Affre, Arzobispo de París, muere en las barricadas

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